Videoclips Comestibles

Me dispongo a proponeros cinco musicvideos con la comida como protagonista y, a través de ellos, invitaros a dejarnos llevar por el libre flujo del pensamiento. La comida siempre es reclamo suficiente para hacer de un producto cualquiera algo atractivo pero, en más de una ocasión, si rascamos un poco la superficie, podemos acabar encontrando en estos snacks musicales algo más allá del simple acto de cocinar o deglutir —no siempre— tan deliciosos platos.

Björk quiere freír tu masculinidad.

Björk, en Venus as a boy, nos muestra el proceso a seguir para freír un huevo. No hace falta ser un genio para darse cuenta de lo que la cantante islandesa está realmente haciendo: caras orgásmicas, masajes faciales, miradas de adoración a diversos huevos. La propia letra del tema ya habla de un hombre con un tipo de sensibilidad diferente, lejos del macho ibérico al que nosotros estamos acostumbrados y, en éste musicvideo la comparación, la diferencia, aparece como clave a la hora de conseguir el éxito en el vulgar acto de cocinar un huevo frito. Björk compara un huevo de cáscara blanca con otro de cáscara parda —dos tipos diferentes de masculinidad. Björk utiliza dos sartenes diferentes, utilizando o bien mantequilla pomada o aceite, con diferentes resultados, ya que la mantequilla acaba por quemarse y ¡a empezar otra vez! Esta nueva masculinidad, que es la que Björk busca en un hombre, sólo surge a partir de las cenizas, cual fénix, pues no es hasta que acaba por quemar el huevo, que éste se convierte en un aceitoso y bien-hinchado-de-yema manjar que, atención, jamás veremos comer.

Las chucherías de Pharrell.

Y hablando de masculinidades disidentes…al parecer ahora Pharrell Williams dice que es feminista y muchos se llevan las manos a la cabeza, precisamente, por esos musicvideos con mujeres de curvas de infarto, poca ropa e hipersexualizadas. En Give it up, a dueto con el rapero Twista, quizás puedan encontrarse las claves de lectura del “feminismo” de Pharrell. El video está completamente estetizado: colores imposiblemente saturados, montaje picado a ritmo de rap y, lo más importante, todos sus elementos aparecen aislados en una nada que bien podría haber vomitado el arco iris de turno. Cucuruchos, helados de palo y berlinas extra-azucaradas comparten protagonismo con las ya imprescindibles mujeres de Pharrell. Aquí todo es comestible, incluso el fajo de billetes de cien dólares con esos colores tan apetitosos. En realidad, estamos siendo testigos de una ensoñación de lo que Pharrell entiende como codiciable, o, para evitar términos peyorativos, un whislist vitalicio. Por lo tanto, la aparición de estas féminas que parecen derretirse como los helados que la acompañan, no es ya una objetificación de la mujer, sino un anhelo estereotipado de la figura femenina. Que nadie me malentienda, que yo fantasee con un chulazo en mi cama, no me convierte en un mal tipo,  sólo demuestra una elección estereotipada que, a golpe de aislamiento, es tan ficticia como esos billetes que ningún comercio aceptaría.

Somos lo que comemos.

¿A qué saben las sirenas? Sinceramente, espero que no sepan a kimchi. El grupo surcoreano Orange Caramel es un ejemplo de saber hacer musicvideos, con una dirección de arte que roza la perfección. Si bien, por sí mismo, este video es un placer tanto para el oído como para la vista, esta historia de sirenas que acaban convertidas en nigiris y que, a su vez, practican el auto-canibalismo, podría convertirse en una metáfora social. Si pensabas que ser La Sirenita estaba bien, puede que empieces a plantearte si no es mucho mejor convertirte en la malvada Úrsula, la única que sobrevive al festín giratorio. Sea como fuere, no es hasta que nuestras chicas se comen a sí mismas, ya luego del sacrificio culinario, de todo aquello que han dejado atrás y, una vez la digestión de si mismas comienza, ese fogonazo de amnesia: mejor no darle más vueltas.

¿Prefieres comer o f*****? (si es que hay alguna diferencia)

No pienso disertar aquí sobre la evidente relación metafórica que comparten sexo y comida, pero el vídeo que acompaña el tema Can’t shake this feeling, de Grum, no podía faltar en esta lista. De nuevo el sexo y, sí, de nuevo los estereotipos. Aquí el mundo del porno aparece completamente estereotipado, gañán incluido, y su historia se deja arrastrar por la necesidad de la liberación de la fémina en apuros por la figura paterna. Existen modales y convenciones sociales a la hora de comer que, incluso, deben seguirse cuando nadie nos ve—cuánto más cuando lo hacemos en público. Estás chicas comen de manera grotesca, impulsiva y feísta o, en otras palabras, lo que el espectador tipo entendería como desagradable. Por comparación, entenderíamos que el sexo que el cine porno representa es también desagradable. No quiero dar claves ni soluciones a la interpretación del video. Si a caso señalar que las convenciones, de por sí, son invenciones sociales que creemos inherentes a la naturaleza, y, con invenciones, no siempre son necesariamente verdad sino, simplemente, construidas.

Katy Perry o díselo con dulce.

Este video no es apto para diabéticos, por mucho que Mary Poppins se empeñe en decir que con un poco de azúcar la píldora pasará mejor. Y es que siempre acabo hablando de amor, de ese amor que es suave como un algodón de azúcar, esponjoso como la miga de un buen bizcocho y crujiente como una galleta recién horneada. Cuando en realidad, regalar bombones siempre es preludio del drama, de ese drama que hemos interiorizado a través de todas esas canciones que escuchamos en repeat mientras dibujamos corazoncitos en nuestra libreta de notas sin entender que el amor nada tiene que ver con dulces industriales y prefabricados, sino que, como Katy Perry nos enseña a través de este lyric video, cuesta tanto trabajo como construir un pastel de tres pisos.

Texto por Nacho Simal