Las mañanas en “El Palentino” de Jonás Bel.

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Un trabajo fotográfico nacido entre las paredes de un bar, convertido en museo de lo cotidiano.

Pocas veces nos paramos a observar aquello que por cotidiano, corriente y habitual, llegamos a considerar cosa de poco interés. El fotógrafo Jonás Bel lo ha hecho, demostrándonos que quizás sean estos pequeños y triviales detalles de donde nace la verdadera esencia de lo que somos.

Hablamos con él de este trabajo. De un proyecto nacido de la tranquila pausa y sosegada admiración por lo cotidiano. Bienvenidos a El Palentino.

Lo primero sería preguntarte, ¿qué tal se desayuna en El Palentino?
Realmente bien. En El Palentino me gusta desayunar un café con leche en vaso y un sandwich mixto con huevo, mi desayuno preferido. Si estoy en casa, soy de tomarme solo un café con leche, y muy de vez en cuando, si hay tiempo, una tostada con aceite y sal.

¿Cómo surgió la idea de este proyecto?
La idea la tuvo Juan Millás, y después de hablarlo en diferentes ocasiones decidimos trabajar juntos en ella.
Los dos íbamos a El Palentino y nos pasamos allí las mañanas. Nos atraía este lugar y lo que ahí podíamos encontrar. Trabajamos de manera cercana, mano a mano, y con el tiempo, cada uno fue desarrollando su propia línea de trabajo.

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¿Qué es lo que nos quieres transmitir en este trabajo?
Quería transmitir la idea de que simplemente ubicándote en un lugar como El Palentino, documentando situaciones comunes durante muchas mañanas, puedes descubrir historias, comportamientos, sentimientos, paisajes y personas de extraordinaria fuerza y sentido.
Recordando lo que le decía Joe Gould a Joseph Mithcel, “puede que usted oiga conversar a dos viejos en un bar o a dos damas en un parque y piense que son pamplinas, pero tal vez en la misma conversación yo encuentre un significado histórico profundo”. Joe Gould quería escribir y almacenar todas las conversaciones que él oía en un libro titulado “Una historia oral”. Pensaba que se podía aprender más del ser humano gracias a esas conversaciones comunes que mediante la narración de los grandes hechos históricos. La idea me apasiona, y yo quería hacer algo parecido pero mediante fotografías.

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¿Cómo describirías tu trabajo?
Tanto Juan Millás como yo realizamos nuestro trabajo fotográfico bajo una misma idea: Documentar e investigar aquellas situaciones comunes que tanto nos definen y que suelen pasar desapercibidas, interesándonos más por lo corriente que por lo extraordinario.
En mi caso me decanté por dos tipos de fotografías. Unas las hacía con una cámara compacta, con la que intentaba atrapar los momentos cotidianos que allí sucedían de la forma más rápida y menos instrusiva posible. Las otras fotografías eran más preparadas, y para ellas me situaba detrás de la barra para retratar a las personas que se tomaban su primer café de la mañana. Un momento en el que te acabas de despertar y comienzas un nuevo día, con lo que todo ello conlleva. Un momento rutinario, a la vez que íntimo y reflexivo.

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¿Prefieres las escenografías preparadas o la frescura de lo natural?
Depende mucho del trabajo que esté realizando. No tengo una preferencia clara. Hay veces que utilizar una escenografía preparada hace que el trabajo gane y se entienda mejor, y otras veces no. Generalmente intento pasar desapercibido, aunque sé que eso es imposible. En el mismo momento que miras y eliges un encuadre estas interviniendo en el sentido y la transmisión de esa realidad que estás fotografiando.

¿Cuánto tiempo pasasteis recopilando las imágenes y realizando el proyecto?
El trabajo comenzó en 2005. Estuvimos haciendo fotos más o menos un año, y realizamos una pequeña exposición en la Galería Oliva Arauna al poco tiempo. En 2006 Juan publicó parte de su trabajo en el número siete de la revista de fotografía OjodePez.
Es en el 2011 cuando me decido a sacar mi parte del trabajo y publicarlo en papel. Estuve editándolo y dandole vueltas a como sería esta publicación hasta la primavera de 2013, cuando finalmente el proyecto vio la luz.

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¿Qué es lo que más te atrae de lo cotidiano?
Georges Perec en su libro “Lo infraordinario” escribía que, “los trenes solo empiezan a existir cuando descarrilan, y cuantos más muertos hay, más existen; los aviones solamente acceden a la existencia cuando los secuestran; el único destino de los coches es chocar contra los árboles… Lo que realmente ocurre, lo que vivimos, lo demás, todo lo demás, ¿dónde está?”.
Tengo la firme convicción de que debemos fijarnos y atender más, de nuevo en palabras de Perec, a “lo que ocurre cada día y vuelve cada día, lo trivial, lo cotidiano, lo evidente, lo común, lo ordinario, lo infraordinario, el ruido de fondo, lo habitual”. Ahí reside lo que nos identifica, lo que nos caracteriza, lo que somos.
Esto es justamente lo que me atrae de lo cotidiano, intentar investigar lo que no nos sorprenden, y que, aunque parezca trivial e insignificante, es esencial para intentar tratar de captar nuestra verdad.

William Eggleston fue el primer fotógrafo en poner en valor lo cotidiano y en exponerlo, ¿te has inspirado en su trabajo?
William Eggleston ha sido una gran inspiración, desde luego. También lo han sido para mi otros grandes como Raymond Depardon, Garry Winogrand, Paul Strand, Lee Friedlander, Robert Frank o Stephen Shore. Actualmente son muchos los fotógrafos en los que me fijo, y que me interesan por diferentes razones. Que me vengan a la cabeza te podría decir Martin Kollar, Alec Soth, Bryan Schutmaat, KayLynn Deveney, Nina Berman, Moises Saman, Nine Poppe, Rob Hornstra… la lista es muy larga, me dejo muchos nombres por decir.

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¿Por qué El Palentino y no cualquier otro bar?
Para mi es especial por muchas razones. En la época en la que hice este trabajo vivía en Malasaña. El Palentino estaba muy cerca de mi casa, y era uno de mis lugares preferidos del barrio. Solía ir a desayunar y quedaba allí con mis amigos, casi siempre por las mañanas o a la hora del aperitivo, he pasado pocas noches en él.
El Palentino es un segundo hogar para mucha gente del barrio. Gente muy diversa. Cada mañana veía prácticamente a las mismas personas, había un ambiente familiar. Gente que te caía mejor, otra peor, como pasa en todas las familias. Allí la gente conversaba, discutía, se ponía al día, hablaba sobre lo que pasaba en el barrio y disfrutaba participando de ello.
También es especial para mi porque, en un barrio en el que todo se ha transformado tanto, este lugar prácticamente no ha cambiado nada desde que se abrió. Es casi un museo. Loli es la dueña del bar junto a Castro desde que falleció su marido, Moisés. Ella es especial. Dura y directa. Rigurosa en ocasiones, pero tierna, comprensiva y solidaria. Nos ayudo mucho a la hora de realizar nuestro trabajo. Le tengo mucho cariño. De hecho, al poco de nacer mi hijo fui con él para que Loli lo conociera, me hacía mucha ilusión.

Después de pasar en él horas y horas, ¿cuál dirías que es el desayuno de sus clientes?
Yo creo que el café con leche. A primera hora, las copas de anís también son bastante frecuentes. Cuando toca, los tres clásicos acompañamientos para el café con leche en El Palentino son el sándwich mixto, la tostada de pan de molde o el croissant a la plancha con mantequilla y mermelada.

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En un bar tan transcurrido, habrás visto mil anécdotas.
Me viene a la memoria un hombre mayor que ocupaba una mesa, y se quedaba dormido allí sentado. Se pasaba así mucho rato, menos mal que ahí podía descansar algo. También recuerdo que en la parte de abajo del bar se guardaban las flores del puesto que hay en la plaza de enfrente. Cuando bajabas al baño a primera hora las veías. Era un bonito contraste.
Otra de las cosas que recuerdo es que durante el tiempo que estuvimos allí, varias mujeres embarazadas le preguntaban a Loli por la fecha del nacimiento de sus hijos. Se ve que ella es muy buena acertando los días de parto.
Lo que a día de hoy más recuerdo es el momento en el que fui a enseñarle la maqueta a Loli antes de imprimir el libro. Ella puso una cara rara, pensaba que no le gustaba lo que estaba viendo. Al preguntarle si ese era el problema, me dijo que no, que lo que le sucedía es que varias personas de las que aparecían en la publicación habían fallecido, y otras estaban en un mal momento. Se me quedó grabada esa cara de tristeza en el rostro de Loli.

¿Proyectos futuros y presentes?
Hace un año que publiqué “¿Quién te tuvo?”, un libro que habla sobre la fragilidad, y construido con fotografías encontradas fortuitamente en la calle junto a otras mías.
A día de hoy continuo con esta idea de trabajar. En querer mostrar la naturaleza e importancia de lo común, de lo que sucede habitualmente. Ahora estoy definiendo como publicar aquellas pequeñas historias que he ido fotografiando y recopilando a lo largo de los años, y que no quiero que queden “encerradas” en un disco duro.

Jonás Bel – El Palentino