La Limonera o la unión entre campo y ciudad

Hablamos con Clara y Juanjo, los fundadores del proyecto que defiende la gestión cultural sostenible empleando al arte y la comida como herramienta para crear una comunidad.

 

La Limonera Project es un conjunto de ideas, vivencias, sueños y aspiraciones de sus fundadores, Clara López Gutiérrez y Juanjo Del Moral Catalán; que tras una vida repleta de prisas dentro de la vorágine de las calles de Madrid decidieron trasladarse a la tranquilidad de la sierra. El pueblo elegido fue Zarzalejo, y es desde allí, donde hace un año todo cobró forma. 

Hablamos con los creadores de un proyecto que defiende la unión de lo rural con lo urbano acogiendo microeventos en torno a la cultura, el arte y la gastronomía. Todo ello, llevado a cabo en un espacio común que sirve como residencia artística, sala de eventos y  unidad doméstica. 

¿Cómo surgió La Limonera?

Es un proyecto con el que Juanjo y yo llevábamos muchos años fantaseando. Nace de nuestra necesidad de reunir en un mismo espacio los intereses que hemos estado desarrollando a lo largo de los años: el arte, la divulgación, el diseño de mobiliario y joyería, la investigación en torno a la cocina y a la nutrición sostenible. Creemos en la autogestión y en la legitimación de uno mismo y nos parece muy interesante la búsqueda de caminos diferentes a los que proponen las instituciones oficiales. Creemos en la creación colectiva, de modo que, compartir nuestra casa es la materialización más coherente que hemos encontrado de esta idea. Entendemos La Limonera como un espacio generoso, que se abre y se comparte. Vive y se hace de la comunidad y de la colaboración con el otro. Es nuestra manera de recoger el testigo de nuestras abuelas y de rescatar sus maneras de hacer. Volver a la raíz. 

¿Cómo afrontáis que vuestra casa sea también el núcleo del proyecto?

Es una pregunta que nos formulamos nosotros mismos al principio. ¿Cómo hacemos que los espacios de trabajo y vivienda sean diferenciados e independientes? Porque claro, no hay que olvidar que también es nuestra casa. Pues básicamente, es una cuestión de organización pura y dura. Nos marcamos unos calendarios donde acoger las residencias artísticas, las fechas de los eventos… Todo lo planteamos con mucha antelación para así tener nuestros momentos. En la búsqueda de la sostenibilidad, ideamos que las residencias artísticas tuvieran una planta totalmente independiente sin obviar que podamos participar en el proceso creativo del residente. Abrimos nuestra casa, pero al final, por la noche cada uno tiene su espacio.

¿De dónde viene el nombre de La Limonera?

Tiene un trasfondo emotivo y sentimental. El limón siempre ha sido nuestra fruta predilecta ya que mi abuelo tenía pasión por ellos y Juanjo es valenciano. Por ende, siempre soñamos con tener un limonero en nuestra casa y al encontrar nuestro rincón en Zarzalejo vimos la oportunidad perfecta para cumplir uno de nuestros sueños. De ahí que nuestra casa se llame La Limonera y extrapolamos el nombre también a nuestro proyecto. Además, mi abuelo falleció al poco de encontrar nuestro nuevo hogar y vi en el nombre una manera de homenajearle.

¿Por qué Zarzalejo? 

Fuimos viendo diferentes pueblos de la zona de la sierra noroeste de Madrid, que para nosotros, es donde el ambiente rural está más protegido. Aún con todo, desde el principio, hemos buscando esa unión con lo urbano. Queríamos que el pueblo elegido para albergar La Limonera estuviera bien conectado con Madrid ya que en apenas 40 minutos de tren estás en nuestra casa. Un elemento a favor de Zarzalejo es la comunidad de vecinos tan fuerte que hay. Es un lugar que defiende y promociona la cultura y el arte. Para nosotros, era muy importante el poder hacer intercambios culturales con la gente local y crear una gran familia. Es un pueblo que se vuelca con lo que hacemos y que tiene una enorme oferta creativa.

¿Qué os aporta este pueblo de la sierra?

Encontramos en el campo el espacio perfecto donde poder desarrollar nuestro proyecto desde una filosofía de crear sin prisa y de respetar el proceso. Sin embargo, en ningún momento rechazamos la ciudad, sino que nos imaginamos a La Limonera como el punto de encuentro entre los urbano y lo rural, entre la vanguardia y la artesanía; puesto que en todo momento la concebimos como un espacio abierto para acoger a cualquier persona, sin que tenga que venir necesariamente del campo. Ambos nos hemos criado en Madrid.

¿Qué tipo de eventos acogeréis?

Queremos que La Limonera sea un espacio que sirva para, por un lado, acoger a residentes en la parte de abajo donde tienen acceso al taller y al jardín; y por otro lado, para acoger microeventos, de hasta 40 personas, en torno a la cocina, a la cultura y al arte. Realizamos eventos tanto dentro como fuera de nuestra casa. Llevamos más de un año con la reforma ya que buscábamos que este espacio de Zarzalejo consiguiera el fin del proyecto. Por ejemplo, tuvimos que arreglar la cocina de arriba a abajo ya que, desde un principio, sabíamos que era uno de los pilares claves del proyecto. Hemos construido una cocina con vistas a futuros eventos pequeñitos donde se pueda acoger a varias personas que puedan estar trabajando a la vez. Nos interesa mucho que el impacto de lo que hagamos sea el mínimo posible. En todo momento existe la pretensión de que los eventos que acojamos tengan ese espíritu de sostenibilidad, de respeto y de compromiso social.

¿Qué planes a corto y largo plazo tenéis?

Ya hemos acogido algún pequeño evento ya que no queríamos esperar a que la casa estuviera acabada para empezar. La Limonera lleva en activo desde septiembre en paralelo a esta reforma: hemos acogido la presentación de #Reposted para servir a los grupos de consumo de la Sierra Oeste, para lo cual diseñamos una instalación con los ingredientes con los que ella trabaja. Hemos acogido un taller de cosmética natural con Giuraluna, un proyecto de Fresnedillas. 

Nuestra próxima invitada es Sara Ayala, que va a pintar un mural en nuestro muro, que cada cierto tiempo irá cambiando con la intervención de diferentes creadores. También estamos colaborando con Rubén Delgado, diseñador gráfico, en la identidad visual del proyecto y en la web, que en si misma va tener una entidad propia y muy acorde a esta filosofía de unión entre campo y ciudad. Queremos abrir el espacio una vez al mes para que funcione como coworking y que los diferentes proyectos de la zona (o de fuera) tengan la ocasión de hacer red. Además cedemos el espacio para la producción de otros proyectos, para que graben vídeo, fotografíen producto, etc. 

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