La cultura de la dieta: cuando la alimentación se convierte en una trampa

Veganismo, keto, paleo, sin gluten o sin lactosa son solo algunas de las dietas que están de moda. En la era de las redes sociales, estar saludable se ha convertido en una competición en la que es fácil salir perdiendo.

Estar lo más saludable posible es el objetivo y una buena dieta es imprescindible para conseguirlo. Con el auge de las redes sociales estilos de vida basados en la alimentación han ido ganando popularidad. Veganismo, dieta keto, paleo, sin gluten, sin lactosa, baja en carbohidratos, alta en proteínas; existen mil y una formas de alimentarse con el objetivo de escapar a las enfermedades, pero es cuanto menos irónico cómo esa preocupación por la dieta puede transformarse en un trastorno alimenticio cuando se vuelve obsesiva. Algunas de los precursores de un estilos de vida alternativos y supuestamente más saludables se han convertido en celebridades capaces de influenciar la alimentación de millones de personas, pese a no contar en la mayoría de los casos con formación en nutrición. La alimentación se ha convertido en una especie de competición, cuya meta es ser el mÁs sano y en muchas ocasiones, el más delgado

Esta competición en torno a la salud influye en nuestra forma de relacionarnos con los alimentos. Lo “bio” se ha convertido en sinónimo de sano, lo “detox” de medicina natural capaz de contrarrestar algún abuso alimenticio ocasional y las etiquetas “gluten-free” o “sin lactosa” aparecen en cada vez más embalajes. Los alimentos se ponen de moda y se convierten en ingredientes que todos debemos consumir si queremos estar sanos aunque no hayamos oído hablar de ellos en la vida. El aguacate o la quinoa son dos ejemplos de cómo esa obsesión por la salud nos lleva a consumir de forma compulsiva alimentos que provienen de muy lejos, lo que ha provocado la proliferación de monocultivos con el impacto medioambiental que conlleva, así como una subida considerable de los precios. El consumo de alimentos de proximidad y de temporada se contrapone a esta homogeneización de la alimentación que estamos viviendo.

En el mundo de la hostelería el impacto de la cultura de la dieta es innegable. Quien siguiera una dieta específica en el pasado, veía su vida social bastante mermada, pero hoy en día no dejan de surgir nuevas propuestas que ofrecen una pequeña zambullida en una u otra forma de alimentación. Hasta las cadenas de restaurantes se han visto obligados a adaptar su menú para responder a las necesidades alimenticias de sus clientes. Y es que nunca antes habían convivido tantas dietas distintas. La dieta keto propone un consumo tan bajo de hidratos de carbono que hace que el cuerpo entre en estado de ketosis, un estado metabólico que facilita la eliminación de grasa. La paleo prefiere que comamos como un cavernícola. ¿Alguién recuerda lo popular que fue en su día la dieta Atkins? Todas las revistas femeninas recomendaban seguirla para conseguir resultados rápido, eso sí, podías acabar con el colesterol por las nubes y sufriendo gota. Pero como siempre se ha dicho, para presumir hay que sufrir. No olvidemos que la salud y la delgadez son conceptos indisociables en nuestra sociedad. Esa preocupación por estar saludable puede fácilmente convertirse en una enfermedad como la ortorexia, un trastorno alimenticio en el que la preocupación por seguir una alimentación sana se vuelve obsesiva y que cada vez sufren más personas. Y es que es difícil no obsesionarse, las redes están plagadas de contenido sobre alimentación y salud.

No todas las dietas se centran en el aspecto físico. El veganismo implica no consumir ningún producto de origen animal y eso incluye la miel, así como cualquier producto lácteo. Íntimamente ligado con el movimiento en favor de los derechos de los animales, la pérdida de peso es tan solo una consecuencia. Esta dieta se ha convertido en un verdadero estilo de vida y algunos influencers que la promueven en verdaderos líderes de opinión. Es el caso de @freelythebananagirl, quien se hizo famosa hace años por su consumo de bananas –en uno de sus videos más famosos consume 51 en un día– y que ha hecho de la polémica su mejor aliada. En muchos de sus vídeos, analiza la alimentación de otros blogueros en un tono que la ha metido en lios en más de una ocasión. Sin embargo, el veganismo se enfrenta a una ola de celebridades nicho que han abandonado este tipo de dieta –más de 20 en los últimos meses–.  La influencer @bonnyrebecca empezó a seguir esta dieta cuando aún era adolescente. Su atractivo, delgadez y juventud atrajeron a toda una masa de jóvenes preocupados por su salud y probablemente su aspecto físico. El video “Why I’m no longer vegan» (porqué ya no soy vegana) que subió hace un par de meses a Youtube ya cuenta con 1.2 millones de visualizaciones. Comentarios del tipo “yo me hice vegano por ti” o “no me puedo creer que nos hagas esto” demuestran que la decisión de la influencer de consumir huevos y pescado ha molestado bastante y refleja lo peligroso que puede ser dejarse influir por gente que básicamente está experimentando con su alimentación.

La preocupación por seguir una dieta sana que nos libre de sufrir un cáncer o alguna enfermedad cardiovascular es muy normal en Occidente, pues las enfermedades ligadas a una mala alimentación están a la orden del día. Y no es que no sean comunes en otras partes del mundo, sino que solo una vez cubiertas las necesidades básicas del ser humano, la alimentación puede convertirse en una preocupación social. Es difícil llegar a un consenso sobre qué constituye una dieta saludable, pero si algo podemos deducir de todo esto, es que no existe una forma de comer «perfecta» y que la alimentación es algo muy personal y de lo que cada uno debe responsabilizarse. Seguir a pies juntillas lo que una persona que no conoces decide compartir en internet es una mala idea.