La Burlona: el restaurante que te ofrece lo de siempre, como nunca

Basándose en los platos típicos, el local busca dar un giro a los sabores y texturas, una combinación que se burlará de tu paladar haciendo que quieras más.

En pleno Lavapiés existe un restaurante que se ríe de los convencionalismos y le da una vuelta a los típico platos. La Burlona es un local muy bonito y luminoso en el madrileño barrio de Lavapiés, con un ambiente y un nombre que nos atrae como magnetismo.

Tomando como referencia los platillos de origen, Jorge Reina, chef ejecutivo del local, y Quique Dacosta, reconocido profesional del negocio de los restaurantes, brindan una propuesta de 21 platos donde le dan el toque `cómico´ a lo que ya conocemos. Con entradas como Sardina marinada con nectar de olivas, picatostes y cebollitas encurtidas, Ostras con bloody mary y Gazpacho amarillo con atún rojo de Almadraba, busca despistar un poco el paladar, hacerle cosquillas y lograr que funcione creando una emulsión de sabores que te dejará deseando más. Dentro de sus platillos principales más vendidos, se encuentran las Gambas al ajillo (acompañas por huevo frito y picante de kimchi, aquí el detalle) y Arroz de trompeta de los muertos. Y por supuesto, no podía defraudarnos: los postres. Uno de los más pedidos es el Ganache de chocolate blanco y pasión, que brinda toques ácidos y dulces al mismo tiempo. Asusta, pero cómo gusta. Además, cuenta con platillos veganos para que no existan excusas para no ir y dejarse hacer un cosquilleo en el estómago, justo lo que le gusta a La Burlona.

El local cuenta con una cocina abierta al público, donde, si así lo deseas, puedes asomarte a ver cómo se preparan los platillos y cómo le dan ese toque de picardía a lo de siempre. El dueño, Raúl Saldaña, se ha esmerado en que este local conquiste corazones, barrigas y la vista. Con mesas instaladas entre la ventana y la calle, el reconocido empresario del terreno de la hostelería, sabía bien lo que quería lograr. Instalado en un edificio centenario, con detalles como mosaicos y columnas que aún se conservan, mantuvo todo, y logra así burlarse mediante la cocina a quien entre.