‘Kintsugi Wellness’, el arte japonés de reconectar cuerpo, mente y espíritu.

La chef y escritora Candice Kumai nos enseña en su nuevo libro a enriquecer nuestra vida aplicando esta práctica japonesa de reparar vasijas.

Conocida en Norteamérica como la ‘la chica dorada del bienestar’, pone en práctica su herencia japonesa en este nuevo libro, acercándonos a esta bonita ciencia de resurgir y reinventarnos a partir de nuestras cicatrices, enseñándonos a recuperar la fuerza interior y a vivir una vida plena; al tiempo que nos empapa de la cocina de Japón, con docenas de recetas saludables.
Kintsugi, en japonés carpintería de oro, responde a la técnica de reparar la cerámica con una resina mezclada o espolvoreada con oro y que nos conecta directamente con el arte del wabi sabi. Se pretende con ello, aparte de dar una segunda vida al objeto, seguir una especie de filosofía que plantea que estas grietas deben mostrarse y no ocultarse, puesto que contribuyen de alguna manera a embellecer la pieza, y además forman parte de su historia.

A lo largo de las páginas encontramos suculentas recetas, como el tazón de ramen picante elaborado con productos básicos, como la pasta miso o la tahini, a las que se baña con sriracha y se le da el último toque con un huevo pasado por agua. Para los fríos días de otoño e invierno, el bowl de miso, aguacates y setas suena como mejor opción por ser una comida rápida y rica en cereales, a la que además podemos añadir nuestras verduras favoritas y condimentarlo todo a nuestro gusto. Para la propia autora, una de sus favoritas serían las galletas veganas de matcha y chocolate, una receta adaptada que ella misma había ideado hace unos años, en la que ahora sustituye el plátano por este té en polvo japonés. Asegura que todavía no ha conocido a esa persona a la que no le gusten estas delicias después de probarlas.

Candice ha sido la última en sumarse a esta corriente de pensamiento que, como ella misma reconoce, la ha convertido en lo que es hoy. Esta práctica del Kintsugi se entiende como una especie de metáfora para la vida, convirtiendo esas partes rotas, feas y dolorosas en luz, oro y belleza, las cuales nos hacen más fuertes y mejores. Como dice la escritora, “si pudierais ver mi corazón, veríais que está lleno de grietas doradas. Algunas son profundas, otras aún están siendo curadas y muchas más están por venir.” El mapa de todos nuestros corazones es de lo más parecido, y esas cicatrices marcarían, por un lado, nuestro progreso, y por otro esta práctica nos confiere autoestima y nos anima a aceptarnos tal cual somos. El aprendizaje es el núcleo de esta técnica, y por tanto también de la vida.

www.candicekumai.com