¿Están los influencers cambiando el concepto de comida?

Antes de su aparición esperábamos semanas para comer en un sitio con buenas críticas, ahora hacemos colas para poder fotografiar tostadas con aguacate, cronuts o ramen.

Que instagram está cambiando el mundo es un hecho. Nuestra manera de relacionarnos, de compartir la información y hasta de vivir nuestras vidas se ha visto influenciada por la red social. Y por supuesto la gastronomía no iba a ser menos. No hay instagramer que se precie que no comparta sus desayunos, sus meriendas o algún tipo de alimento.

Eater ha publicado recientemente un artículo en el que expone de qué manera los influencers están cambiando qué comida se convierte en popular y por qué. “La gente espera horas en la fila para estas cosas, y no es porque piensen que va a ser la mejor cosa que nunca he probado. Las tendencias de los alimentos son a menudo demasiado ricos, demasiado azucarados y demasiado todo. La verdadera gratificación llega una vez que se publica la foto” afirma Bea Iturregui directora de asociaciones de Cycle (una agencia de marketing digital encargada de unir influencers con marcas) en el mismo.

Hay dos requisitos que la comida instagrameable debe tener: la primera que sea estéticamente atractiva y la segunda que sea algo aspiracional a lo que no todo el mundo tenga acceso, algo que en realidad esté diciendo “yo estuve ahí” o “he tenido acceso a ello”.

Cabe destacar que los alimentos más visuales no suelen ser especialmente los más apetecibles ya que para conseguir los intensos colores y el brillo suelen contener demasiado azúcar. La verdadera satisfacción no está en el hecho de conseguir la comida, ni mucho menos en su consumo, la gratificación llega en el momento de subir la foto o mejor dicho, en la obtención de likes.

Otro aspecto de la reflexión de Eater hace referencia a que habitualmente las personas que comparten comida en instagram suelen tener un físico envidiable por lo que cuesta creer que ingieran aquello que fotografian. Una contradicción que muchos se empeñan en negar aludiendo que lo contrarrestan con ejercicio físico.”La forma más fácil de crear un contexto para la adquisición excesiva de alimentos es mostrarlo junto a un cuerpo que no ha sucumbido a la gordura. La indulgencia como deporte espectador sólo es comercializable si también demuestran que requiere arrepentimiento” explica Iturregui.

En el mundo 2.0 prima la imagen. No existen comidas deliciosas pero que no tengan demasiado buen aspecto, los alimentos lucen perfectos, no hay hamburguesa ni sushi que se desmorone ni manjar que manche. La revolución de los blogs y redes sociales han hecho que comamos con los ojos en lugar de con la boca.