Hungry Harvest o cómo aprovechar las verduras de aspecto imperfecto

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Alrededor del 20% del cultivo de frutas y verduras se desecha por su aspecto, pero lo cierto es que la mayoría se pueden comer.

Cuando entramos en un supermercado todas las hortalizas son brillantes, sin rasguños… casi parecen hechas con ordenador. El motivo es la exagerada importancia estética de los alimentos en la sociedad, que provoca un enorme desecho diario.

Hungry Harvest nació para frenar el alarmante desperdicio de alimentos, y encontró una salida viable para toda esta comida perfectamente comestible.

Su forma de funcionar sigue este patrón: primero localizan la comida de proximidad que no se quiere vender, luego recuperan el máximo alimento y finalmente, lo distribuyen en diferentes cajas para su venta.

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Los clientes pueden elegir varias cajas a través de internet, con una frecuencia semanal o de dos veces al mes. También existe la opción de personalizarlas e incluyen propuestas periódicas de recetas.

Hungry Harvest también tiene su parte solidaria: por cada caja se destinan entre 1 y 2 libras a una empresa colaboradora solidaria contra el hambre, aunque a veces se donan a un mercado libre de agricultores.

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Es una idea audaz y con bajo coste, de momento presente en Estados Unidos, que beneficia por partida doble: reduce el desecho de comida perfectamente comestible y se contribuye a la pobreza y el hambre a través de fundaciones con las que colabora.

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