Green Guerrila Satalia: un huerto vecinal sostenible en el corazón de Saints-Montjuïc

Inspirada en las organizaciones colectivas del Lower East Side de los años 70, esta alianza colaborativa apuesta por revitalizar una de las zonas más deprimidas del distrito barcelonés generando su propio compost y cultivando sus propias hortalizas.

El 29 de julio de 2019, la organización estadounidense Global Footprint Newtwork se hacía eco de una trágica y angustiante noticia: acabábamos de utilizar el presupuesto de recursos naturales previstos para todo el año. Esta fecha, calculada comparando la huella medioambiental de los seres humanos con la capacidad del planeta Tierra de absorber y regenerar dichos residuos, se convertía en la más temprana hasta la fecha. La referencia temporal crítica, conocida como el ‘Día del Sobregiro de la Tierra’, se presentaba antes de empezar agosto, mientras que hace 20 años dicha fecha se contemplaba hacia el mes de octubre.

La Tierra se enfrenta a una situación crucial, extremadamente delicada, que amenaza con su extinción. Pero, al igual que somos nosotros quienes hemos conducido al Planeta Azul a esta coyuntura, somos los seres humanos quienes tenemos la capacidad de contrarrestar esta compleja realidad. Y Green Guerrila de Satalia es plenamente consciente del poder transformatorio de la sociedad.

La asociación, nacida en el barrio barcelonés de Montjuïc en junio de 2018, apuesta por la creación de huertos comunitarios, donde sean los propios vecinos los que participen activamente en la obtención del compost. Fueron precisamente los habitantes de este distrito los que decidieron emprender una acción cuyo origen se remonta a principios de los años 70 en el este del bajo Manhattan: la creación de huertos urbanos como herramienta de revitalización de las ciudades.

Green Guerrilla Satalia

Los vecinos del distrito catalán decidieron recuperar unas escaleras abandonadas conectadas con dos calles de la ciudad, atestadas de basura y residuos orgánicos como consecuencia de un progresivo abandono. Ahora, un año después, el emplazamiento acoge un huerto donde han plantado flores, tomateras, pimientos o lechugas. En tan solo unos meses, el vecindario ha convertido esta zona desierta y descuidada en un punto cívico donde dar una segunda vida a los desechos y los despojos. Después de haber creado más de 12 pequeñas terrazas con el propósito de adecuar el terreno para el cultivo, y tras haber realizado un curso impartido por la Cooperativa Espai Ambiental para aprender a generar el compost, la agrupación vecinal ha conseguido transformar los residuos en productos de valor.

Un proyecto en kilómetro cero que no necesita de transporte ni distribución, promoviendo aún más el desarrollo sostenible y el cuidado por el medio ambiente. Una iniciativa abierta a todo aquel que quiera contribuir a la producción libre de aditivos, conservantes y procesos químicos, en la que la única norma impuesta es la prohibición de aportar carne, pescado, pan y queso en la producción de compost.