El sabor de la península tiene sello alicantino

Fotografía de Aceitunas Cazorla.

Nuestra visita a la provincia nos refresca los recuerdos gracias al aroma de los alimentos que nos acompañaron. Te contamos cómo fue la experiencia.

La provincia de Alicante tiene el reconocimiento patrio por sus arroces y por cocas, pero lo que pocos saben es que dentro de su territorio, la gastronomía abunda en distintas formas. Prueba de ello son estas dos grandes empresas alimentarias, con un amplio bagaje histórico y unas cifras de producción que asombrarían a cualquiera. El caso de Azaconsa y el grupo Cazorla es muy particular ya que, a pesar de que en un primer momento sus nombres no parecen decirnos nada, estamos prácticamente seguro de que en todas las despensas del país hay, al menos, un producto de estas dos compañías, solo que está sellado bajo alguna marca blanca.

Cuando ambas compañías nos invitaron a visitar sus plantas en Alicante, nos pareció la oportunidad perfecta para conocer más sobre la tradición de la provincia y, sobre todo, sobre el proceso de fabricación que siguen algunos de los productos que más utilizamos.

Apenas unos 10 minutos por carretera separan el Grupo Cazorla del centro de la ciudad. Nada más bajar del autobús en el aparcamiento, el olor a salmuera nos recuerda todas las tarde tapeando en nuestro bar de confianza o viendo el fútbol en familia. Nos da la sensación de que, sin saberlo, los encurtidos son una parte imprescindible del estilo de vida mediterráneo.

En 1958, este grupo abre sus puertas en Alicante para dedicarse al envasado de aceitunas. A lo largo de su historia, la empresa se ha caracterizado por una orientación a la innovación que se ve reflejada con la apertura de distintas fábricas que puedan abastecer al grupo de otro tipo de encurtidos.

Fotografía de Aceitunas Cazorla.

Al recorrer sus instalaciones, nos encontramos con una serie de máquinas  sofisticadas que, con capaces, por ejemplo, de deshuesar y rellenar aceitunas al vertiginoso ritmo de más de 1000 unidades por minuto. Al parecer, el más sencillo de nuestros aperitivos lleva por detrás un largo trabajo y recorrido que garantiza que lleguen a nuestras tardes de cañas en el mejor estado posible.

La maquinaria, por supuesto, es adaptable a todos los tipos de envasado que sus clientes demandan lo que la convierte en una instalaciones flexibles y eficaces capaces de asumir prácticamente cualquier tipo de demanda por parte de los distribuidores. Así, empezamos a distinguir envases en la planta que nos resultan familiares a todos.

Finalmente, una cata de todos los productos de la empresa pone la guinda a la visita. Mientras degustamos los encurtidos aprendemos más sobre ellos como, que las aceitunas negras en realidad son las verdes tras un proceso de oxidación o que, las únicas que se dan de este color en la naturaleza crecen en Grecia y en Aragón.

Por supuesto, acompañamos esta cata con un botellín de cerveza y en seguida, todos elegimos nuestra variedad favorita.

Fotografía de Aceitunas Cazorla.

La mañana siguiente, nos disponemos a visitar la planta de Azaconsa, empresa nace en 1870, dedicada en principio al negocio del azafrán y otros condimentos. Nos recibe la sexta generación de la familia, actuales encargados de la dirección de la empresa.

Abrir las puertas de la fábrica es como abrir un baúl de sensaciones. Los aromas a té e infusiones frutales invaden toda la nave y no podemos evitar sentir cierta envidia por no poder disfrutar de este espectáculo sensorial cada mañana.

La primera estancia que visitamos es todo frescor pues, el té verde se embala aquí. La siguiente es toda una fantasía frutal gracias a sus infusiones ‘El cuerpo del deseo’ que combinan distintas especies exóticas en sus bolsitas piramidales.

Nos deleitamos oliendo y palpando las distintas bolsitas de té y nos resulta extremadamente agradable el buen hacer, casi hipnótico de sus empleados, encargados de dar el toque final a los productos. A lo largo de la visita, aprendemos más sobre la caducidad del té, los procesos de importación y la conservación de la materia prima.

Más tarde, nos desplazamos a una segunda planta donde Azaconsa produce también azúcar y edulcorantes. De hecho, la empresa es la responsable de más de el 80% del edulcorante que se comercializa en nuestro país.

Fotografía de Azaconsa.

Finalmente, disfrutamos de una pequeña degustación acompañada de tentempiés típicos de la zona y disfrutamos durante unos minutos más de todas las sensaciones que los aromas de Azaconsa nos provocan

En definitiva, estas visitas nos han recordado que, muchos de nuestros mejores momentos están relacionados con la alimentación y es maravilloso reencontrarse con nuestras memorias a través de los aromas y sabores que nos rodean.