Dime cómo comes y te diré cuánto contaminas

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Algunas dietas contribuyen a la emisión de gases de efecto invernadero. Te contamos cómo podrían reducirse con el consumo de otro tipo de alimentos.

La huella de carbono de los alimentos correspondería a todos esos gases de efecto invernadero resultantes de la producción de la comida. La elaboración de los propios alimentos y el posterior transporte de los mismos, así como la agricultura o la ganadería, aumentarían la cantidad de dióxido de carbono liberado a la atmósfera – siendo un factor totalmente descuidado a la hora de optar por una dieta u otra.

La falta de información suele ser el gran problema la mayoría de la veces, e ignoramos datos tan importantes como la cantidad de CO2 producido por el consumo de ciertos comestibles.
El cordero, por ejemplo, sería una de las carnes que más contamina – sobre todo en Estados Unidos, al ser la mayoría de importación – con un total de 39.2 kg de dióxido de carbono por emisión. Le seguiría muy de cerca la ternera, ya que la vaca es la principal productora de metano en nuestro planeta, con la friolera de 27 kg de CO2 a la atmósfera. El tercer lugar en el ranking de la contaminación lo ocuparía el queso con 13.5 kg, debido a su proceso de producción y posterior almacenaje. El cerdo aportaría unos 12.1 kg, siendo nosotros los que producimos gran parte de esos gases cuando lo cocinamos en casa, y el quinto lugar sería para el salmón cultivado, ya que esta actividad supone grandes cantidades de electricidad y combustible.

Puesto que la huella de carbono alcanza sus máximos niveles sobre todo en la ganadería, bastaría con reducir el consumo de carne, sobre todo roja, en nuestro día a día. Los que quieran ir más allá puede optar por seguir una dieta estrictamente vegetariana, aunque los expertos aseguran que lo ideal sería decantarse por el veganismo, siendo la práctica alimentaria menos contaminante.

Otra de las soluciones sería adquirir el menor número posible de alimentos procesados. Evitar la comida congelada y optar siempre por productos frescos y orgánicos, al ser posible. Comer crudo podría ser también una opción, o cocinar nosotros en casa y hacer un buen uso de las sobras creando abono, por ejemplo, que posteriormente podremos utilizar para las plantas.
Conocer la problemática ambiental y tomar consciencia es de suma importancia. Cuidar el planeta es cosa de todos, y hoy es un buen día para empezar.

vía greenandgrowing.org