Desperdicio de alimentos: ¿por qué un 50% del producto no llega a nuestros platos?

Foto vía: @fullharvesttech

Analizamos las causas por las que se desecha un tercio de la producción en las granjas y su impacto en el medioambiente.

El problema del desperdicio de alimentos no es ni mucho menos desconocido en nuestra sociedad, somos conscientes de que en supermercados y restaurantes se tira comida, y sobre todo sabemos lo que ocurre en nuestras propias casas. Sin embargo, hay un gran desconocido que contribuye enormemente a este problema aunque no lo visitemos de forma tan asidua como las tiendas de comestibles: las granjas.

Los alimentos que tomamos diariamente tienen un ciclo vital, lo que se conoce como cadena alimentaria tal y como lo define la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) y que supone el viaje recorrido por los alimentos desde la granja hasta nuestros mesas. Para que nos hagamos una idea, según la FAO, un tercio de los alimentos que se producen para el consumo humano en estas granjas no llegan finalmente a nuestros platos, se pierden antes.

Al igual que existe conciencia sobre el desperdicio de alimentos en establecimientos y comercios, trasladar el problema a las granjas es tremendamente urgente, ya que lo que la mayoría de gente no sabe es que se ha catalogado como el contribuidor número 3 en el cambio climático dañando gravemente al medio ambiente debido a que cuando compramos un producto con una estética perfecta, el resto de la planta se ha cortado y desechado en el campo liberando gases nocivos que favorecen e incrementan el efecto invernadero.

Foto vía: @fullharvesttech

Una de las causas principales del desperdicio de alimentos y del hecho de que las cosechas no se aprovechen al 100% es que nosotros mismos, los consumidores, buscamos productos estéticamente perfectos, alimentos bonitos, sin ser conscientes de que para conseguirlos se ha desperdiciado más del 50% del producto en la propia granja ya que los productores lo trabajan y depuran en función de lo que tiene buen aspecto y va a ser comprado por el minorista y seguidamente por el consumidor.

Para dar luz a este problema que parece pasar desapercibido, Christine Moseley ha fundado Full Harvest “un mercado digital que conecta con las compañías de alimentos y bebidas con las granjas para comprar productos excedentes e imperfectos” cuya misión es “potenciar la sostenibilidad desde la raíz con el mercado de excedentes y productos imperfectos ya que cada año se desperdician 20 mil millones de libras de alimentos cosméticamente imperfectos o no cosechados”.

Aprovechando la era digital y la tendencia cada vez mayor que tienen los usuarios de comprar por Internet, Full Harvest ofrece condiciones y facilidades de lo más atractivas tanto a los consumidores, que compran a precios más bajos, como a vendedores que consiguen ganancias adicionales con aquellos productos que son comestibles pero que no van a vender a la industria alimenticia por el hecho de no ser estéticamente atractivos.

Además de combatir el problema desde una perspectiva práctica, darle visibilidad e importancia es primordial para Full Harvest, por ello, unido con la Universidad de Santa Clara en California, ha presentando el primer estudio integral de desperdicios de alimentos a nivel de granja demostrando que “el 34 % de los rendimientos comercializables se desperdician en la granja” y además facilitando al usuario una hoja de trucos que describe las cinco razones principales por las que los productos se llaman “feos” o “imperfectos” y animan a “rescatar a los feos” así como a comprar productos enteros para reducir la cantidad de desechos que se generan.

Sumándonos a iniciativas como esta, contribuimos al desperdicio de alimentos desde nuestra posición de consumidor. Jugamos el papel más importante, porque comprar productos bonitos no implica que sean de mejor calidad, ¿por qué no dar una oportunidad a la comida fea?