Comida inventada

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Hay lugares que nunca podremos habitar. En ocasiones los conocemos tan bien que no cuestionamos su existencia pero, a pesar de eso, no pondremos un pie (o un tenedor) en ellos. Hablamos de los universos de ficción, los que son producto de la imaginación de sus autores y se rigen por sus propias leyes, tienen personajes fantásticos y sus propios elementos, entre ellos, lo que aquí nos interesa: la comida inventada.

Como todo parece tan rico ahí dentro, ya sea para hacer una campaña de marketing o simplemente para satisfacer la curiosidad del público, se han intentado replicar muchos de estos alimentos que todos hemos deseado comer.

Para empezar con lo más popular, el Fresisuis es una referencia al Slurpe del 7 Eleven y se trata, esencialmente, de un granizado con sabores. El que toman Bart y Milhouse es de color verde y el supermercado ya mencionado lo puso en venta en julio de 2007 como parte de la promoción de la película de Los Simpson.

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Otro clásico son las espinacas de Popeye. Sus creadores, conscientes de las propiedades “milagrosas” a causa del alto nivel de hierro que contienen (parece ser que la ciencia ha desmentido el mito), decidieron que el marinero debía comer este alimento para aumentar su fuerza. Lo curioso es que, al parecer, impulsó el consumo de espinacas en los Estados Unidos en un tercio.

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Pero no siempre están disponibles en nuestro planeta los ingredientes necesarios para poder recrear estos manjares, como es el caso de True Blood, la marca de sangre sintetizada y distribuida entre la población de vampiros. Este sugerente brebaje se consume caliente, aunque la mayoría de los consumidores la prefiere a 37 grados. Sin embargo en la Tierra, acogiéndose a la “licencia poética”, han generado una réplica en forma de bebida energética, una especie de gaseosa con sabor a naranja que seguramente esté mucho más buena fría que calentada en el microondas.

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La leche también ha dado bastante de sí. Desde la icónica Leche – plus del Korova Milk Bar, un tóxico y explosivo cóctel con velloceta o con dencromina que tiene su versión ligth en algunos clubs terrícolas a base de absenta, licor de anís, crema irlandesa y azúcar; hasta la menos replicable Leche de Insecto de Hora de aventuras, ya que hasta hoy es imposible ordeñar una mariquita. Mucho menos inviable parece para algunos la Leche de Rata de Los Simpson, pues Heather Mills, la exmujer de Paul McCartney, activista vegana, propuso en una ocasión cambiar los lácteos de vaca por la leche de rata, gato o perro… para ser más “amigable” con el planeta.

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Si te va más la entomofagia, esa costumbre culinaria de comer insectos tan extendida en África, Ásia y Australia, serás más predilecto a salivar con los Popplers, fetos alienígenas que caen como pipas en Futurama, donde también son adictos al Slurm, una bebida viscosa hecha del culo de una gusana reina. Y quizá te entrase un poco de antojo de uno de los alimentos más míticos de la ficción distópica, el Soylent Green, cuyo ingrediente fundamental son… (no acabaremos la frase para evitar spoilers).

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Hay quien se ha encargado de recopilar las recetas más populares de la ciencia ficción en un par de libros. Se llaman Serve it Forth: Cooking with Anne McCaffrey (Servidlo más allá: cocinando con Anne McCaffrey, de 1996), y Cooking out of This World, a collection of cookable SF recipes (Cocinando fuera de este mundo, una colección de recetas “cocinables”, de 1973.

Muy útiles para recrearlas y comer de la ilusión, pero estos platos serán tan reales como Bob Esponja en la Plaza Mayor de Madrid. Lo podemos ver, tocar y hacernos fotos con él, pero todo el mundo sabe, excepto algunos niños, que es un señor con un disfraz. Bob Esponja sólo puede existir en Bikini Bottom, de igual manera que la Cerveza Mágica sólo existe en Harry Potter. La única forma de saborear estos alimentos sería colarse en estos universos de ficción y, como decíamos al principio de este post: eso no va a poder ser.

Texto por Bárbara Magdalena